Había colocado la moneda en la ranura de cobro, hizo esta una parábola misteriosa que la saco de la bandeja y la lanzó al piso, desapareciendo fuera de la estación. Una mano misteriosa recogió la moneda y la hizo aparecer por debajo de la pared, permitiéndome realizar el viaje más cómodo y extraño que jamas haya realizado.
Y estamos aquí de nuevo, en este camino ya recorrido, casi olvidado, cáncer dijeron, luego de pinchazos, cortes, lagrimas, consuelos, esperanza, desesperanza, desnudeces, tu cuerpo expuesto ya no es tuyo, le pertenece a alguien más, es mejor desconectarse. Lo recuperas, es tuyo nuevamente hasta que vuelva a ser necesario desconectarse y huir, dejar que a ese cuerpo le hagan lo necesario.
El viaje había sido largo, solo en el camino sintió un leve zarandeo que no llegó a despertarla. Ahora está completamente despierta y mira hacia el lecho, terrible hospedaje, se nota la humedad, la cama es mullida, tiene sábanas blancas, se levanta y mira bajo la cama, es peor de lo que pensaba, la cama está hecha de cemento, un terrible escalofrío le recorre la espalda, todos los recuerdos vienen a su mente, el accidente y la sensación de levedad.
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